Lunes: Mentalismo
ROCHA REGRESÓ… PERO EL PODER YA HABÍA CAMBIADO
Volvió después de 112 días dispuesto a terminar su mandato; aproximadamente 34 horas después pidió nuevamente licencia. Esta vez Palacio Nacional no cerró filas: Claudia Sheinbaum consideró su salida “lo mejor para Sinaloa”.
Por René Díaz | CajemeNews.com
El principio del Mentalismo sostiene que todo comienza en la mente, en la percepción que construimos de la realidad antes de que termine materializándose. Y pocas historias políticas recientes representan mejor ese principio que lo ocurrido este fin de semana con Rubén Rocha Moya.
Rocha volvió, pero aparentemente volvió a un escenario político que ya no era el mismo que dejó.
El viernes 21 de agosto, después de 112 días separado de la gubernatura de Sinaloa, anunció su regreso y dijo que continuaría gobernando. El mensaje parecía claro: Rocha regresaba dispuesto a terminar su mandato.
Pero aproximadamente día y medio después ocurrió lo inesperado: volvió a solicitar licencia.
Esta vez pidió una licencia temporal con carácter indefinido, por más de 30 días, argumentando que Sinaloa, la nación y el movimiento de transformación estaban por encima de todo. El Congreso estatal terminó aprobándola por unanimidad.
Entonces la pregunta ya no es solamente por qué se fue, sino qué ocurrió políticamente entre el viernes y el sábado para que un gobernador regresara dispuesto a gobernar y unas horas después volviera a separarse del cargo.
Ahí está la verdadera historia.
Porque después de su regreso las primeras señales no fueron precisamente de respaldo. La Secretaría de Gobernación calificó su reincorporación como una “determinación personal” y confirmó que la FGR mantiene abierta la investigación relacionada con el caso. Morena también tomó distancia señalando que regresar había sido decisión personal de Rocha.
Pero la señal más importante vino de Claudia Sheinbaum.
La Presidenta escribió que “ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo y de la nación”. Posteriormente, gobernadores de Morena cerraron filas alrededor de Sheinbaum y llamaron al mandatario sinaloense a actuar con madurez y responsabilidad.
Eso políticamente fue durísimo.
Porque meses atrás había ocurrido algo diferente. Cuando aparecieron los señalamientos provenientes de Estados Unidos, buena parte de Morena defendió a Rocha bajo argumentos de soberanía, debido proceso y exigencia de pruebas.
Esta vez no hubo un gran cierre de filas alrededor de Rocha.
Hubo un cierre de filas alrededor de Sheinbaum.
Y esa diferencia cambia todo.
Rocha podía legalmente regresar, pero políticamente necesitaba saber si su regreso tenía respaldo. Las siguientes horas parecieron responder la pregunta.
Después llegó la segunda licencia.
El domingo, Sheinbaum terminó de mandar la señal al considerar que la nueva separación de Rocha era “lo mejor para Sinaloa”. También afirmó que no había hablado con él y sostuvo que tanto regresar como volver a solicitar licencia habían sido decisiones personales del gobernador.
Es una manera políticamente muy clara de marcar distancia sin entrar en confrontación directa.
Entonces aparece otra pregunta inevitable:
¿Rocha calculó mal su regreso?
No sabemos qué conversaciones privadas existieron y sería irresponsable afirmar sin pruebas que recibió una orden para retirarse. Pero los hechos públicos permiten observar una secuencia extraordinaria: Rocha regresó, Morena tomó distancia, Gobernación habló de una decisión personal, los gobernadores respaldaron a Sheinbaum, la Presidenta marcó su posición y Rocha volvió a solicitar licencia.
Todo en aproximadamente 34 horas.
Cada lector podrá sacar sus conclusiones, pero políticamente existe una posibilidad interesante: Rocha pudo haber regresado para descubrir que ya no controlaba el escenario que esperaba encontrar.
Porque tres meses son muchísimo tiempo en política. Durante su ausencia se construyeron nuevos equilibrios, surgieron nuevas lealtades y su situación dejó de ser exclusivamente sinaloense para convertirse en un asunto nacional e internacional.
Además, la investigación no desapareció. Gobernación confirmó que la FGR mantiene abierta la indagatoria y que Estados Unidos todavía no ha entregado todos los elementos solicitados por México.
Por eso esta segunda licencia quizá tampoco sea el final. Ahora habrá que observar cuánto tiempo permanece Rocha separado, qué ocurre con las investigaciones, cómo se reorganiza el poder en Sinaloa y si alguna vez existen condiciones políticas para otro regreso.
Porque jurídicamente una licencia puede ser temporal.
Políticamente, algunas salidas terminan siendo definitivas mucho antes de que alguien se atreva a llamarlas así.
Y aquí vuelve el Mentalismo.
El viernes Rocha parecía tener en mente una realidad: regresar, gobernar y terminar su mandato. Unas horas después, la realidad política parecía ser otra.
Sheinbaum terminó diciendo que su salida era “lo mejor para Sinaloa”.
Quizá ahí esté resumido todo.
No hizo falta una expulsión ni una confrontación pública. Bastó con que cambiara la percepción de dónde estaba el respaldo.
Rocha regresó al Gobierno de Sinaloa… pero quizá descubrió que el poder ya había regresado sin él.
Esta es apenas una opinión personal, una lectura del instante y del momento histórico, político y social que nos tocó vivir. No pretende ser verdad absoluta; es experiencia, percepción y análisis. El lector tendrá siempre la última palabra: creer, dudar o pensar distinto.























