Político
LUNES 17 DE AGOSTO DE 2026
SÉPTIMO PRINCIPIO: GENERACIÓN
LAMARQUE, CASI FUERA DE LA CONTIENDA EN SONORA, PORQUE?
El alcalde de Cajeme todavía puede ganar la encuesta de Morena, pero eso podría no bastarle. Necesita derrotar con claridad a Lorenia Valles, esperar los resultados de las otras 16 gubernaturas y sobrevivir al ajuste nacional de paridad. El antecedente de Omar García Harfuch demuestra que incluso terminar primero puede no garantizar la candidatura.
Por René Díaz | CajemeNews.com
El principio de Generación sostiene que todo contiene un principio masculino y otro femenino, y que de esa interacción nacen los procesos de creación, transformación y movimiento. Llevado a la política mexicana de 2026, el concepto adquiere una coincidencia casi inevitable: el género puede terminar siendo precisamente el elemento que transforme el resultado de una encuesta y determine quién aparece en la boleta. Y si existe actualmente un aspirante en Sonora que debe mirar con especial atención esa ecuación es Javier Lamarque Cano.
Decir que Lamarque está fuera de la contienda sería falso. No lo está. Pero sostener que simplemente necesita ganar la encuesta interna para convertirse en candidato de Morena también sería una lectura incompleta. A estas alturas, el alcalde de Cajeme enfrenta una carrera con más obstáculos que los que aparecen cuando únicamente se comparan los porcentajes de las encuestadoras. Su problema ya no es solamente Lorenia Valles. Su problema es Lorenia, la paridad de género y lo que ocurra simultáneamente en las otras 16 gubernaturas que Morena deberá definir rumbo a 2027.
Las últimas mediciones públicas ayudan a entender la dimensión del problema. CE Research colocó recientemente a Lorenia Valles con 35.2 por ciento de preferencia interna y a Javier Lamarque con 20 por ciento. Electoralia también la ubicó adelante en su estudio del 9 de agosto, con 40 por ciento contra 22 por ciento de Lamarque. Otras casas muestran diferencias considerablemente menores e incluso existen levantamientos anteriores donde el alcalde de Cajeme aparece adelante, lo cual confirma que todavía no existe una sentencia definitiva. Pero la tendencia que hoy debe preocupar al lamarquismo es evidente: varias de las fotografías más recientes colocan a Lorenia en primer lugar.
Y aun suponiendo que esas encuestas privadas estuvieran equivocadas y que Lamarque terminara ganando la medición oficial de Morena, todavía quedaría pendiente una segunda elección que prácticamente nadie estará viendo dentro de Sonora: la que se producirá al comparar el resultado sonorense con los otros 16 estados donde habrá gubernatura en 2027.
Morena tiene 17 gubernaturas por definir. Eso significa que el principio de paridad obliga a construir un equilibrio nacional de candidaturas. En el proceso de 2024, cuando estuvieron en disputa nueve gubernaturas incluyendo la Ciudad de México, el INE determinó que los partidos debían postular cuando menos cinco mujeres. El precedente jurídico y político es relevante porque demuestra que Morena no analiza cada estado como una isla: primero pueden existir ganadores de encuestas y después venir un ajuste nacional para garantizar la participación de mujeres.
Las reglas de la actual competencia interna son todavía más reveladoras. Reportes sobre la convocatoria y los compromisos firmados por los aspirantes señalan expresamente que quienes participan conocen que se aplicará un criterio de paridad y que ese criterio puede provocar que una mujer obtenga la candidatura aun cuando un hombre tenga mejor resultado en la encuesta estatal. Es decir, nadie puede alegar posteriormente que desconocía esa posibilidad.
Ésa es la primera gran complicación para Javier Lamarque.
No le basta necesariamente con quedar arriba de Lorenia.
Tiene que ganar y probablemente le conviene ganar por mucho.
Porque una diferencia de uno, dos o tres puntos puede convertirse políticamente en un empate técnico susceptible de ser resuelto mediante paridad. Una diferencia amplia sería mucho más difícil de modificar, aunque tampoco absolutamente imposible. Morena tendrá que observar la competitividad de las mujeres mejor posicionadas, la distribución nacional de hombres y mujeres y, seguramente, el costo electoral de mover a determinado ganador para cumplir con el tablero general.
Por eso los otros 16 estados importan tanto como Sonora.
Un ejercicio nacional de Rubrum levantado en julio en las 17 entidades mostró una distribución particularmente reveladora: nueve mujeres aparecían encabezando sus respectivas competencias internas y ocho hombres ocupaban el primer lugar en las restantes. En Sonora, Lorenia Valles aparecía con 30.1 por ciento y Javier Lamarque con 28.8, prácticamente dentro de una contienda cerrada. En otros estados también existen mujeres altamente competitivas detrás de hombres punteros, como Milena Quiroga en Baja California Sur o Tatiana Clouthier en Nuevo León.
Eso produce una paradoja para Lamarque.
Por un lado, significa que Sonora no necesariamente tiene que ser sacrificado para cumplir paridad. Morena podría encontrar la candidata que necesite en alguna otra entidad si Lamarque gana contundentemente aquí.
Pero, por otro lado, también significa que su destino no está completamente en sus manos.
Puede recorrer Sonora, ganar reconocimiento, vencer a Lorenia en la encuesta y aun entonces tener que esperar a saber qué ocurrió en Chihuahua, Nuevo León, Baja California Sur, Guerrero, Michoacán, Sinaloa, Zacatecas y el resto de las entidades. Porque solamente después de colocar las 17 piezas sobre el tablero podrá saberse dónde necesita Morena mover una candidatura de hombre a mujer para cumplir su arquitectura electoral.
Ahí aparece el fantasma que ningún aspirante masculino dentro de Morena puede ignorar:
Omar García Harfuch.
En 2023, Harfuch ganó la encuesta de Morena para encabezar la Ciudad de México. En la encuesta de la propia Comisión de Encuestas obtuvo 40.5 por ciento y Clara Brugada quedó debajo. Harfuch también se impuso en los ejercicios espejo. Sin embargo, cuando Morena aplicó el criterio nacional de paridad para completar cinco mujeres entre las nueve entidades en disputa, la candidatura terminó en manos de Brugada, que era la mujer mejor posicionada en la capital.
Harfuch ganó la encuesta.
Pero no ganó la candidatura.
Ese antecedente convierte la situación de Lamarque en algo mucho más delicado de lo que sugieren quienes afirman que todo se resolverá simplemente preguntando a los sonorenses quién debe ser candidato.
No necesariamente.
Morena ya demostró que puede separar ambos conceptos.
Una cosa es ser el hombre mejor evaluado.
Otra muy distinta es terminar siendo quien aparezca en la boleta.
Y todavía existe una diferencia adicional entre aquel caso y el actual: en 2023 solamente estaban en juego nueve entidades; ahora Morena tiene que acomodar 17 gubernaturas simultáneamente. El número de combinaciones políticas aumenta considerablemente. Las encuestas deberán levantarse durante agosto y principios de septiembre y la intención de la dirigencia es resolver las coordinaciones estatales durante la primera mitad de septiembre.
Por eso, mientras algunos observan la carrera sonorense como un enfrentamiento directo entre Lorenia Valles y Javier Lamarque, desde la dirigencia nacional probablemente se estará viendo algo mucho más complejo: 17 tableros conectados entre sí.
Y dentro de esa lógica Lorenia posee actualmente una ventaja estratégica formidable.
Ella tiene dos caminos.
Puede ganar la encuesta.
O puede quedar suficientemente cerca para convertirse en beneficiaria de un eventual ajuste de paridad.
Lamarque prácticamente tiene uno:
ganar.
Y no solamente ganar.
Necesita construir una diferencia que vuelva políticamente costoso desplazarlo.
Porque mientras más cerrado sea el resultado entre ambos, más fácil será para Morena justificar una candidatura femenina. Si Lorenia queda uno o dos puntos debajo, la dirigencia podría argumentar que ambos son electoralmente competitivos y utilizar Sonora para completar el equilibrio nacional. Si Lamarque sacara una diferencia considerablemente mayor, entonces el partido tendría que preguntarse si conviene sacrificar a un ganador claro cuando existen mujeres competitivas en otras entidades.
Pero ni siquiera una ventaja contundente significaría inmunidad absoluta.
Harfuch es la prueba.
En la Ciudad de México no perdió por décimas ni quedó empatado: ganó las encuestas y aun así el género modificó la decisión final. La Jornada documentó entonces que Brugada terminó encabezando por la regla de género, mientras el propio INE había determinado la obligación de presentar al menos cinco mujeres en las nueve entidades de aquel proceso.
Y aquí es donde la frase “Lamarque casi fuera de la contienda” adquiere su verdadero significado.
No significa que Morena haya decidido eliminarlo.
No significa que exista una instrucción desde la Ciudad de México.
No significa que Sonora ya esté reservado para una mujer.
Nada de eso puede afirmarse responsablemente hasta ahora.
Significa algo políticamente más interesante: que el camino que tiene enfrente Javier Lamarque es considerablemente más estrecho que el de Lorenia Valles.
Lorenia puede avanzar por encuesta y por género.
Lamarque necesita imponerse primero en Sonora y después esperar que el acomodo nacional no lo convierta en una pieza sacrificable.
Además, Sonora no es una gubernatura cualquiera para Morena. Diagnósticos políticos nacionales han colocado al estado entre los territorios que generan preocupación para 2027 por desgaste gubernamental, inseguridad y conflictos internos. Eso significa que la dirigencia nacional tendrá también que preguntarse quién garantiza mayor competitividad frente a una oposición que, aunque hoy aparezca fragmentada, todavía tiene figuras capaces de construir una candidatura competitiva.
Por eso considero que la verdadera pregunta política de las próximas semanas no es únicamente:
¿Lamarque puede ganarle a Lorenia?
Sí puede.
La pregunta realmente importante es:
¿Puede ganarle por una diferencia suficientemente grande como para que Morena no pueda desplazarlo cuando haga las cuentas nacionales de género?
Y todavía después viene una tercera:
¿Qué ocurrirá en las otras 16 gubernaturas?
Porque si las mujeres ganan suficientes encuestas por sí mismas, Lamarque respirará.
Si los hombres dominan demasiadas entidades, el ajuste tendrá que hacerse en alguna parte.
Y si Sonora presenta a una Lorenia competitiva, cercana o incluso ganadora, el estado se convierte naturalmente en uno de los lugares donde ese ajuste puede realizarse con menor costo político.
Ésa es la encrucijada.
Lamarque ya no compite solamente contra una senadora.
Compite contra una ecuación nacional.
Contra 16 resultados que no controla.
Contra una regla constitucional.
Contra la necesidad política de Morena de preservar unidad y competitividad.
Y contra un antecedente que lleva nombre y apellido:
Omar García Harfuch.
En política, ganar una encuesta debería significar haber ganado.
Morena ya demostró que no necesariamente es así.
El principio de Generación señala que toda creación nace de la interacción de fuerzas complementarias. En esta sucesión sonorense, paradójicamente, puede ser precisamente el género el que termine generando al candidato —o candidata— de Morena.
Y si Javier Lamarque quiere evitar que la historia de Harfuch se repita en Sonora, probablemente no le alcanzará con llegar primero.
Necesita llegar primero, llegar lejos y después esperar que los números de otros 16 estados también jueguen a su favor.
Porque puede ganar Sonora…
y aun así perder la candidatura.
Y aquí hago una precisión personal que también responde a una cuestión lógica: para muchos en Cajeme y en el sur de Sonora sería positivo que Javier Lamarque llegara a la gubernatura, no por simpatía automática ni porque su origen garantice resultados, sino porque un gobernador surgido de esta región conocería de primera mano sus rezagos, necesidades y problemas históricos, y en teoría tendría mayores razones para impulsar al sur del estado sin dejar de gobernar para todos los sonorenses.
“Esta es apenas una opinión personal, una lectura del instante y del momento histórico, político y social que nos tocó vivir. No pretende ser verdad absoluta; es experiencia, percepción y análisis. El lector tendrá siempre la última palabra: creer, dudar o pensar distinto”.





















