Lunes: Generación
Morena: entre el poder que entrega… y el poder que recibe
Por René Díaz | cajemenews.com
En política, nada se crea por sí solo. Todo necesita dos fuerzas para producirse. Esa es la ley de generación: lo activo y lo receptivo, lo que impulsa y lo que responde. Sin esa dualidad, no hay resultado.
Y en la política actual de México, ese principio se refleja con claridad.
Por un lado está el gobierno. El que genera.
El que impulsa programas, el que distribuye recursos, el que define políticas públicas. Ese es el polo activo, el que pone en movimiento la estructura.
Del otro lado está la ciudadanía.La que recibe. La que experimenta directamente los apoyos, la que percibe el cambio, la que responde en las urnas. Ese es el polo receptivo.
Y entre ambos… se genera el resultado.
Porque los apoyos sociales no solo son política pública. Son vínculo político. Adultos mayores con pensión. Jóvenes con becas. Apoyos directos a sectores vulnerables. El gobierno entrega. La ciudadanía responde.
Esa es la dinámica. Y ahí está la clave de por qué Morena mantiene ventaja. No es solo estructura. No es solo discurso. Es conexión. Pero aquí entra una pregunta que ya no es política… es económica.
¿Hasta cuándo es sostenible ese modelo?
Porque toda generación necesita energía para mantenerse. Y en este caso, esa energía es el presupuesto público. Y es aquí donde aparece otro tema que pocas veces se discute a fondo:
¿Los apoyos sociales están afectando la inversión en infraestructura?
No es una respuesta simple.
Pero sí es una tensión real.
Porque el presupuesto es limitado.
Y cada peso que se destina a apoyos directos es un peso que deja de destinarse a otras áreas,
Y toda prioridad tiene un costo.
En los últimos años, el modelo ha apostado más por la distribución directa que por la inversión tradicional en infraestructura.
Y eso genera un efecto inmediato:
consumo. Pero también puede generar otro efecto a mediano plazo: rezago.
Porque la infraestructura no da votos inmediatos.
Pero sí construye desarrollo.
Carreteras, sistemas de agua, parques industriales, hospitales… son inversiones que no se sienten de inmediato en el bolsillo, pero que sostienen la economía en el largo plazo.
Y ahí es donde el equilibrio se vuelve delicado.
Si todo se va al consumo…
se debilita la base.
Si todo se va a la infraestructura…
se pierde la conexión social.
Por eso el verdadero reto no es elegir uno u otro.
Es equilibrar ambos.
Porque un país no puede sostenerse solo en apoyos. Pero tampoco puede sostenerse sin ellos. Ese es el punto crítico de la generación.
Y si a eso se le suma un escenario económico adverso —menos ingresos, menor crecimiento, presión fiscal— la tensión se vuelve más evidente.
Porque lo que hoy genera respaldo…
mañana puede generar reclamo.
Si faltan apoyos, se pierde apoyo.
Si falta infraestructura, se frena el desarrollo.
Y en medio de esa dualidad…
se define el futuro.
México hoy vive una política de generación directa. Dinero que baja. Voto que sube.
Pero el verdadero reto no es generar.
Es sostener… sin descuidar lo que construye el país.
Porque al final, en política, hay una ley que no falla:
lo que se reparte hoy… no siempre construye el mañana.























