EL KYBALIÓN POLÍTICO

0


Martes: Correspondencia

Narcopolítica: lo que pasa abajo… refleja lo que se permite arriba

Por René Díaz | cajemenews.com

En política, nada está aislado. Lo que ocurre en un nivel se refleja en otro. Esa es la ley de correspondencia: como es arriba, es abajo. Y en Sonora, esa relación se vuelve incómodamente evidente cuando se observa la cercanía —o la percepción de cercanía— entre la política y la delincuencia organizada.

Porque el problema no es nuevo.
Desde hace años, en distintas regiones del país, y particularmente en estados con alta actividad del crimen organizado, ha surgido una figura que no se reconoce oficialmente, pero que todos entienden: los llamados narcopolíticos.
No como etiqueta jurídica. Sino como percepción social.

Funcionarios, candidatos o estructuras políticas que, en el imaginario colectivo, operan en zonas donde la línea entre autoridad y delincuencia no siempre se ve clara.
Y ahí es donde entra el principio de correspondencia.
Porque lo que ocurre en lo local no nace solo en lo local.
Refleja condiciones más amplias.

Si en un municipio se percibe influencia del crimen organizado en decisiones políticas, no es solo un problema municipal.
Es reflejo de fallas en el estado.
Y más aún, de debilidades en el sistema nacional.
Porque ningún fenómeno crece en el vacío.
Todo florece en un ambiente favorable…
hasta la delincuencia.

Y cuando la delincuencia crece, no es solo por su propia fuerza.
Es porque encontró condiciones para hacerlo.
Condiciones de impunidad.
Condiciones de debilidad institucional.
Condiciones de omisión.
Y esas condiciones no se generan abajo.
Se permiten arriba.

Y en ese contexto, Sonora no está aislado.
Es frontera.
Es paso.
Es ruta estratégica.
Y eso lo coloca en una posición clave, no solo para México, sino para Estados Unidos.
Porque lo que ocurre en Sonora…
también se refleja al otro lado de la frontera. Esa es la otra correspondencia.

El tráfico de drogas, armas y dinero no se queda en territorio mexicano. Impacta directamente en la seguridad, la economía y la política del país vecino. Y por eso, la relación entre crimen organizado y política local deja de ser un asunto interno.
Se vuelve un tema binacional.
Y ahí es donde la presión cambia.

Estados Unidos no observa esto como un fenómeno aislado. Lo ve como una amenaza directa a su seguridad. Y cuando esa percepción crece, también crecen las decisiones.
Más presión diplomática.
Más exigencia en resultados.
Más vigilancia en estructuras.
Porque cuando lo que ocurre “abajo” afecta a lo que está “arriba”, la correspondencia se activa en ambos sentidos. Por eso el problema no es solo la existencia del crimen organizado.

Es la percepción de su cercanía con el poder político. Porque cuando esa percepción crece, la confianza se rompe.
Y cuando la confianza se rompe, el sistema completo se debilita.

En esta tribuna lo hemos señalado: la política no puede darse el lujo de parecer cercana a la delincuencia. No basta con no estar involucrado. Tiene que notarse.
Porque en política, la percepción también gobierna.
Y en Sonora, hoy, esa percepción está en juego.

La narcopolítica no siempre se prueba.
Pero sí se percibe. Y cuando lo que pasa en lo local refleja fallas en todo el sistema…
la correspondencia deja de ser teoría.
Se vuelve realidad.

Porque al final, en política, hay una ley que no falla:
lo que se permite arriba… termina creciendo abajo.

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here