Jueves: Polaridad
¿Quién manda realmente en Cajeme? Cuando los extremos dejan de ser opuestos
Por René Díaz | cajemenews.com
En política, todo tiene dos polos. Nada es absoluto; todo oscila entre extremos que parecen opuestos, pero que en realidad forman parte de una misma dinámica. Esa es la ley de polaridad. Y en Cajeme, esa ley no solo se observa… se siente.
Por un lado está el gobierno. La autoridad, la ley, las instituciones, el discurso del orden. En el papel, ese es el polo positivo, el que representa el control, la legalidad y la seguridad.
Del otro lado está la delincuencia organizada. El polo negativo. El que genera violencia, el que rompe la estabilidad, el que impone miedo.
Así debería ser.
Pero la ley de polaridad dice algo más profundo.
Que los extremos, en algún punto… se tocan.
No significa que sean iguales desde el origen.
Significa que cuando se llevan al límite, los polos pueden empezar a producir efectos similares.
Y ahí es donde la realidad de Cajeme se vuelve incómoda.
Porque cuando la violencia se mantiene durante años, cuando la percepción no mejora y cuando la ciudadanía empieza a dudar, la distancia entre esos dos polos comienza a reducirse en la mente de la gente. No porque el gobierno sea delincuencia. Sino porque el resultado empieza a parecerse.
Ese es el riesgo de la polaridad llevada al extremo.
Cuando el uso de la fuerza se exagera sin resultados claros, pierde legitimidad. Cuando la estrategia no logra cambiar la realidad, el discurso se debilita. Y cuando eso pasa, el polo del orden deja de sentirse distinto al polo del desorden.
Y del otro lado ocurre algo igual de delicado.
En algunos contextos, la propia dinámica criminal genera sus propios “controles”. No legales, no legítimos, pero sí perceptibles en ciertos entornos. Grupos que limitan a otros, que imponen reglas internas, que establecen una especie de orden dentro de su propio desorden.
No es justicia.
No es autoridad.
Pero es una distorsión de la polaridad.
Porque cuando el extremo negativo empieza a parecer “ordenado” dentro de su lógica, y el extremo positivo no logra imponer orden en la realidad, los polos se acercan peligrosamente.
Y cuando se acercan demasiado…
la polaridad se rompe. Y cuando la polaridad se rompe, aparece lo más grave:
la confusión. La gente deja de ver con claridad quién controla. Quién protege. Quién responde.
Y ahí es donde nace la desconfianza.
El gobierno municipal encabezado por Javier Lamarque Cano, el estatal bajo Alfonso Durazo y la estrategia nacional desde la presidencia de Claudia Sheinbaum tienen una responsabilidad que va más allá de contener la violencia.
Tienen que mantener clara la diferencia entre los polos.
Porque cuando esa diferencia se pierde, no solo se pierde control. Se pierde legitimidad. Y en Cajeme, hoy, la percepción está caminando hacia ese punto. No porque los polos sean iguales. Sino porque en los extremos…
empiezan a tocarse.
En Cajeme, el problema no es solo la violencia.
Es que la diferencia entre el orden y el desorden deje de sentirse.
Porque al final, en política, hay una ley que no falla:
“cuando los extremos se tocan… la sociedad deja de saber de qué lado está la autoridad”.
“El principio de polaridad enseña que los extremos no solo se oponen, también se encuentran. El fuego y el hielo representan polos distintos, pero en su punto máximo generan la misma consecuencia: queman” .























