EL KYBALIÓN

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Político

Miércoles: el principio de vibración

En Cajeme, a Morena le sobran aspirantes y a la oposición le escasea proyecto

Mientras Morena mueve demasiados nombres rumbo a la sucesión municipal de Cajeme, la oposición sigue sin encontrar una frecuencia común, sin narrativa fuerte y sin una figura capaz de ordenar el descontento ciudadano.

Por René Díaz | CajemeNews.com

El Kybalión enseña en su tercer principio, el de vibración, que nada está inmóvil; todo se mueve, todo vibra, todo cambia de frecuencia. En política ocurre lo mismo. Los nombres se mueven, los grupos se acomodan, las ambiciones empiezan a sonar y los partidos revelan, con su propia vibración, si tienen fuerza, proyecto o solamente ruido.

Y en Cajeme, rumbo al 2027, la vibración política es clara: a Morena le sobran aspirantes y a la oposición le escasea proyecto.

En el movimiento guinda sobran nombres, perfiles, grupos y suspirantes que creen tener derecho, trabajo, cercanía, estructura o historia suficiente para levantar la mano por la alcaldía. Ahí aparecen Anabel Acosta, Ernestina Castro, Deni Gastélum, Raúl “El Pollo” Castelo, Marina Herrera, Claudia Santacruz, Alejandro Ibarra, Patricia Patiño, Lucy Navarro, Margarita Vélez y otros nombres que se mencionan, se mueven o esperan que el tablero se acomode.

El problema de Morena no es falta de cuadros. Es exceso de apetitos.

Cuando a un partido le sobran aspirantes, el reto ya no es encontrar candidato, sino evitar fracturas. Todos dicen que respetarán la encuesta, pero todos quieren llegar a la encuesta con ventaja. Todos hablan de unidad, pero cada quien quiere que la unidad se ordene alrededor de su nombre. Todos dicen que primero es el proyecto, pero nadie quiere quedarse fuera del reparto.
Ahí vibra el verdadero conflicto.

La sucesión municipal de Cajeme no puede separarse de la sucesión estatal. Javier Lamarque pidió licencia para buscar la gubernatura y dejó en el Ayuntamiento a Claudia Santacruz como alcaldesa interina. Esa decisión no fue solamente administrativa; fue política. Dejó a alguien de confianza en la silla municipal mientras él camina el estado. Si Lamarque crece en la interna estatal, su grupo se fortalece en Cajeme. Si se debilita, sus adversarios internos intentarán cobrarle el desgaste.

Porque Cajeme pesa.

Pesa en votos, en territorio, en narrativa y también en negativos. Para Morena, Cajeme es bastión, pero también carga. Es un municipio electoralmente importante, pero socialmente golpeado. Morena no quiere perderlo, pero tampoco puede darlo por ganado sin medir el desgaste de gobierno, la inseguridad, los servicios públicos y el cansancio ciudadano.

Por eso cada aspirante intenta instalar su propia frecuencia. Anabel Acosta tiene reconocimiento y experiencia electoral. Ernestina Castro tiene trayectoria legislativa. Deni Gastélum representa izquierda y trabajo territorial. Raúl Castelo tiene oficio y relaciones. Marina Herrera se mueve dentro del equipo municipal. Claudia Santacruz ganó visibilidad con la alcaldía interina. Alejandro Ibarra trae trabajo desde Bienestar y presencia en colonias.

Cada uno puede reclamar algo.

Pero una cosa es sonar y otra conectar. Una cosa es ser mencionado y otra pasar la encuesta. Una cosa es tener grupo y otra tener pueblo. Una cosa es estar cerca del poder y otra lograr que el poder te escoja.

Morena tendrá que decidir si quiere continuidad del grupo lamarquista, si busca una figura con mayor aceptación ciudadana, si apuesta por una mujer para sostener narrativa de género, si premia trabajo territorial o si manda una señal desde el Gobierno del Estado. La candidatura de Cajeme no se decidirá sólo por popularidad. También se decidirá por equilibrio interno, control político, capacidad de campaña y conveniencia estatal.

Mientras Morena vibra con abundancia de aspirantes, la oposición vibra con ausencia de proyecto.

Ese es el contraste más duro.

En Cajeme, la oposición puede tener nombres, inconformes, empresarios, exregidores, activistas, priistas, panistas, ciudadanos molestos y votantes cansados de Morena. Pero no ha logrado convertir todo eso en una alternativa política organizada. No basta con que Morena tenga desgaste. No basta con que haya críticas al gobierno municipal. No basta con que exista enojo ciudadano. Para ganar una alcaldía se necesita algo más que queja: se necesita proyecto, estructura, candidato, mensaje, operación territorial y una causa que emocione. Y hoy la oposición en Cajeme no parece tener eso completo.

El PRI mueve nombres como Abraham “El Choco” Ramírez, Abel Morales, Rodolfo Verduzco o Luis Alejandro Salguero, pero la duda es si esos perfiles alcanzan para competir o sólo para mantener presencia partidista. El PAN no aparece con una figura local capaz de sacudir el tablero. Movimiento Ciudadano todavía no construye una marca municipal fuerte. Y los independientes pueden generar ruido, pero enfrentan el problema de siempre: mucho entusiasmo inicial y poca estructura para sostener una campaña completa.

Rodrigo Bours sigue siendo el nombre incómodo. No cabe fácilmente en una sola casilla. Fue independiente, ha sido crítico, tiene apellido, presencia y relación con sectores empresariales, pero también ha sido mencionado como alguien que podría acercarse a Morena. Esa ambigüedad lo vuelve interesante, pero difícil de leer. Si va contra Morena, podría darle volumen a la oposición. Si se acerca a Morena, confirmaría algo más profundo: que la oposición local no sólo carece de proyecto, sino que algunos de sus perfiles más visibles podrían terminar orbitando alrededor del poder guinda.

También aparece el activismo ciudadano, como Alba Luz Borbón y otros liderazgos sociales que buscan instalarse fuera de los partidos. Pero una candidatura ciudadana necesita más que presencia en redes o discurso anticorrupción. Necesita estructura real, representantes, promoción territorial y capacidad para resistir una elección donde Morena tendrá maquinaria, programas, marca y operación.

Por eso la frase resume el momento: en Cajeme, a Morena le sobran aspirantes y a la oposición le escasea proyecto.

Morena tiene el problema de ordenar ambiciones. La oposición tiene el problema de construir alternativa. Morena puede equivocarse por exceso de confianza. La oposición puede perder por falta de organización. Morena discute quién debe encabezar. La oposición todavía no demuestra para qué quiere gobernar.
El principio de vibración no falla.

Nada está quieto.

Morena vibra con nombres, grupos y apetitos internos. La oposición vibra con dudas, dispersión y falta de narrativa. En la gubernatura, Morena mide a sus aspirantes y busca mantener unidad. En Cajeme, Morena intenta controlar su sucesión municipal. En el estado, la oposición duda entre Toño Astiazarán, Colosio o una alianza amplia. En Cajeme, la oposición duda entre reciclar perfiles, apostar por ciudadanos o esperar que Morena se desgaste sola.
Pero esperar que el adversario se caiga no es estrategia.
Es resignación.

Cajeme no se gana únicamente con enojo. Se gana con confianza. Se gana con una propuesta clara sobre seguridad, servicios públicos, agua, drenaje, calles, empleo, orden urbano y rescate del municipio. Se gana con una figura capaz de hablarle no sólo al voto anti-Morena, sino al ciudadano que quiere resultados.

Hoy la elección municipal no está definida, pero el tablero favorece a quien tiene estructura, no a quien sólo tiene queja.

La gente no sólo preguntará quién va por Morena. También preguntará quién puede arreglar lo que está mal, quién puede dar seguridad, quién puede ordenar servicios, quién puede devolver confianza y quién puede gobernar sin improvisar.
Ahí se medirá todo.

Morena tendrá que decidir entre sus muchos aspirantes. La oposición tendrá que decidir si realmente quiere competir o sólo sobrevivir. Y Cajeme tendrá que decidir si sigue con el mismo proyecto, si castiga el desgaste o si encuentra una alternativa que todavía no aparece con suficiente fuerza.

El principio de vibración no falla: cuando todo se mueve, también se revela lo que tiene fuerza y lo que sólo hace ruido. Y hoy, en Cajeme, Morena tiene muchos queriendo ser candidatos; la oposición todavía no convence de que tenga una causa, una ruta y un proyecto capaz de ganar.

“Esta es apenas una opinión personal, una lectura del instante y del momento histórico, político y social que nos tocó vivir. No pretende ser verdad absoluta; es experiencia, percepción y análisis. El lector tendrá siempre la última palabra: creer, dudar o pensar distinto”.

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