Político
Viernes: el principio del ritmo
Armando Alcalá: si quiere volver, tendrá que dejar de ser el candidato que ya perdió
La oposición en Cajeme tiene en Alcalá a su rostro más conocido del PRI, pero el 2027 no se gana con pasado, cargos ni nostalgia: se gana con unidad, seguridad, servicios y una ruta creíble para recuperar el control municipal.
Por René Díaz | CajemeNews.com
El Kybalión enseña en su quinto principio, el del ritmo, que todo fluye y refluye, todo sube y baja, todo avanza y retrocede. La política también tiene mareas. Hay partidos que un día gobiernan todo y después quedan reducidos a resistencia. Hay candidatos que pierden y vuelven. Hay estructuras que parecen enterradas y luego intentan regresar cuando el desgaste del poder abre una ventana.
En Cajeme, ese ritmo hoy vuelve a colocar sobre la mesa a Armando Alcalá Alcaraz.
No porque sea nuevo.
Al contrario: porque es de los más conocidos.
Armando Alcalá ya fue director de Oomapasc, regidor, secretario del Ayuntamiento, diputado local plurinominal, dirigente municipal del PRI y candidato a la alcaldía de Cajeme en 2024. Currículum tiene. Nombre también. Experiencia municipal, suficiente. Pero el problema político de Alcalá no está en si Cajeme lo conoce; el problema es si Cajeme está dispuesto a volver a creerle.
Porque en 2024 ya compitió. Y perdió lejos.
Javier Lamarque ganó con más de 93 mil votos, alrededor del 60.9%. Armando Alcalá quedó en segundo lugar con poco más de 39 mil votos, cerca del 25.7%. Movimiento Ciudadano, con Adriana Torres, quedó con poco más de 13 mil votos. La fotografía fue dura: Morena ganó cómodo, la oposición llegó dividida y el PRI-PAN-PRD no logró construir una amenaza real.
Ese dato debe ser el punto de partida.
No se puede hacer política seria fingiendo que la derrota fue menor. No fue menor. Alcalá fue el rostro principal de la oposición tradicional y quedó a más de 50 mil votos de Lamarque. Eso no lo elimina del tablero, pero sí lo obliga a una pregunta incómoda: ¿qué tendría que cambiar para que en 2027 no vuelva a pasar lo mismo?
Ahí entra el principio del ritmo.
La política da segundas vueltas, pero no perdona a quien regresa con la misma canción.
Si Armando Alcalá quiere volver a competir, no puede hacerlo sólo como “el que ya fue candidato”. Tampoco puede regresar sólo con el PRI de siempre, las mismas fotos, los mismos grupos, los mismos exfuncionarios y el mismo discurso de que conoce el municipio. Eso puede servir para arrancar, pero no para ganar.
Cajeme no necesita una oposición que sólo recuerde cuando gobernaba. Necesita una oposición que explique cómo va a gobernar ahora. ese es el reto de Alcalá. Su fortaleza es clara: es el priista más visible en Cajeme. Tiene estructura, relaciones empresariales, contacto con sectores agrícolas, experiencia en el Ayuntamiento y hoy tribuna como regidor. Puede hablar de Oomapasc, de servicios públicos, de obra, de recolección de basura, de drenaje, de empleo y de administración municipal porque ya estuvo dentro del aparato.
Pero esa misma fortaleza es su carga.
Porque si presume experiencia, también tendrá que responder por el pasado. Si dice que sabe resolver, le preguntarán por qué no se resolvió cuando estuvo. Si critica drenajes, le recordarán que el PRI también tuvo años de responsabilidad. Si señala servicios públicos, sus adversarios le dirán que no viene de fuera del sistema, sino de adentro.
Ese es el filo.
Alcalá no puede presentarse como ciudadano ajeno al deterioro de Cajeme. Es parte de la historia política del municipio. Y eso puede ser credencial o lastre, dependiendo de cómo lo maneje. El ritmo de Cajeme también cambió.
El PRI ya no manda como antes. Morena gobierna con estructura, programas y marca nacional. Movimiento Ciudadano quiere crecer con Manuel Scott, Adriana Torres o alguna figura naranja. El PAN busca subirse al ánimo estatal de Antonio Astiazarán. Rodrigo Bours sigue siendo un factor si decide moverse. Y el ciudadano común, el que no vive de la grilla, está más preocupado por seguridad, calles, drenaje, agua, empleo y tranquilidad que por las siglas.
Por eso Alcalá no puede jugar solo a la memoria priistas. Tiene que jugar a la reconstrucción municipal. Si quiere ser competitivo, necesita tres cosas: unidad opositora, mensaje duro de seguridad y propuesta creíble de servicios públicos. Sin esas tres, cualquier candidatura opositora en Cajeme será ruido, no amenaza.
La primera es la unidad.
Si PRI, PAN, MC e independientes van cada quien por su lado, Morena puede ganar incluso con desgaste. Eso ya se vio. Dividir el voto opositor en Cajeme es regalarle oxígeno al oficialismo. Alcalá puede tener estructura priista, pero no le alcanza solo. Manuel Scott puede tener impulso naranja, pero MC solo tampoco tiene todavía volumen suficiente. Rodrigo Bours puede tener voto propio, pero si va aislado puede quedar otra vez como factor, no como ganador.
La oposición en Cajeme tiene nombres.
Pero todavía no tiene ruta. ahí Alcalá podría jugar un papel: ser candidato o ser articulador. Pero si quiere encabezar, tendrá que convencer a los demás de que no se trata de revivir al PRI, sino de construir un frente real para recuperar Cajeme.
La segunda es seguridad.
En Cajeme, cualquier campaña que no ponga la seguridad al centro nace débil. La ciudad ha vivido años de violencia, miedo, ataques, homicidios y percepción de abandono. Aunque el gobierno municipal presuma bajas en incidencia delictiva, la oposición sabe que la seguridad sigue siendo una herida abierta en la mente ciudadana.
Pero cuidado: no basta con decir “vamos a regresar la paz”. Eso ya lo dicen todos.
Alcalá tendría que presentar una ruta concreta: prevención, policía municipal, coordinación real, tecnología, patrullaje, recuperación de espacios, atención a jóvenes, colonias prioritarias y evaluación pública de resultados. Si sólo usa la seguridad como golpe contra Morena, será discurso. Si la convierte en plan municipal entendible, puede ser bandera.
La tercera es servicios públicos.
Cajeme no se gana sólo hablando de Palacio Nacional o de la gubernatura. Se gana hablando de drenajes colapsados, calles destruidas, basura, agua, alumbrado, parques, colonias olvidadas y trámites municipales. Ahí Alcalá puede tener terreno porque conoce el gobierno local, pero también ahí lo pueden golpear por su pasado.
Por eso su narrativa tendría que ser más inteligente.
No decir sólo: “yo ya estuve”.
Decir: “yo sé dónde falló el municipio y cómo corregirlo”.
Esa diferencia es enorme.
Porque el ciudadano no quiere un archivo político. Quiere solución.
El principio del ritmo enseña que todo sube y baja. Morena hoy gobierna Cajeme, pero el desgaste puede crecer. Lamarque ya mira hacia la gubernatura. Morena tendrá que resolver su propia sucesión municipal entre Marina Herrera, El Pollo Castelo, Iram Solís, Ernestina Castro u otros perfiles del oficialismo. Si se dividen, si imponen mal, si cargan demasiado con el desgaste, la oposición puede encontrar ventana.
Pero una ventana no es una victoria.
Armando Alcalá puede ser el rostro más conocido del PRI, pero eso no lo convierte automáticamente en candidato ganador. Su verdadero examen será demostrar si puede pasar de candidato derrotado a líder opositor. Si puede dejar de representar sólo al PRI y empezar a representar una alternativa más amplia. Si puede convencer a MC, al PAN, a empresarios, ciudadanos, colonias y sectores inconformes de que él no es sólo el pasado queriendo volver.
Porque ahí está el peligro.
Si Alcalá aparece como el regreso del viejo PRI, Morena lo va a despedazar. Pero si logra aparecer como un articulador opositor con experiencia, autocrítica, propuesta de seguridad y capacidad para unir, entonces puede volver a la conversación con más fuerza.
El ritmo político le da otra oportunidad.
Pero no le garantiza nada.
Armando Alcalá tiene nombre, experiencia y estructura. Pero también carga una derrota amplia, el peso del PRI tradicional y preguntas sobre su propio pasado municipal.
El principio del ritmo dice que todo vuelve, pero no todo vuelve igual.
Si Alcalá quiere regresar en 2027, tendrá que regresar distinto. Menos nostalgia, más propuesta. Menos partido, más frente. Menos pasado, más futuro. Menos discurso de experiencia y más plan para recuperar el control de Cajeme.
Porque en Cajeme la oposición sí tiene oportunidad.
Pero si vuelve dividida, Morena puede ganar otra vez aun con desgaste.
Y si Armando Alcalá quiere estar a la cabeza, primero tendrá que demostrar que ya no es sólo el candidato que perdió.
Tiene que convertirse en el opositor capaz de unir.























