Político
Lunes: el principio del mentalismo
El PRI arrasa en Coahuila; en Sonora, mueve la mente opositora
Por René Díaz | CajemeNews.com
El Kybalión enseña en su primer principio, el del mentalismo, que todo es mente. Antes de que una elección se gane en las urnas, primero se disputa en la percepción. Antes de que un partido conserve el poder, primero logra instalar una idea. Y antes de que una marca política parezca invencible, alguien puede romper esa ilusión en la mente pública.
Eso acaba de ocurrir en Coahuila. Morena no es invencible. El PRI, al que muchos daban por enterrado a nivel nacional, volvió a demostrar que en algunos territorios todavía conserva maquinaria, estructura, narrativa y control local. En resultados preliminares del PREP, con 99.86% de actas capturadas, la alianza PRI-UDC aparece con 684 mil 211 votos, equivalentes al 55.03%, contra 325 mil 824 votos de PT-Morena, equivalentes al 26.20%. El dato más duro es político: el PRI-UDC se perfila para ganar los 16 distritos locales en disputa oficialmente.
No es una victoria menor. Es carro completo. Y tampoco es un resultado aislado: en 2020, el PRI también ganó los 16 distritos locales de Coahuila con 49.31% de los votos frente al 19.3% de Morena. Es decir, Coahuila no fue un accidente electoral; fue la confirmación de una estructura local que ha resistido a la ola guinda durante varios ciclos.
La lectura es clara: Morena puede dominar el discurso nacional, tener Presidencia, Congreso, gubernaturas, programas sociales y una marca poderosa, pero no gana automáticamente en todos lados. Cuando una oposición controla territorio, estructura y narrativa, la marca nacional deja de ser suficiente.
En Coahuila, la narrativa que ganó fue seguridad.
No se trata de decir que Coahuila sea perfecto ni que no tenga problemas. Pero sí es un estado que ha presumido indicadores bajos de homicidio doloso frente al promedio nacional. El Siglo de Torreón publicó, con datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, que durante los primeros nueve meses de 2025 Coahuila se ubicó como la segunda entidad con menor tasa de homicidios dolosos, con 1.76 por cada 100 mil habitantes, sólo por debajo de Yucatán.
Este es el punto: el PRI tomó un dato real, lo convirtió en narrativa y lo llevó a la mente del elector. Seguridad. Orden. Estabilidad. Control local. Esa fue la idea que derrotó a Morena.
El PRI no ganó sólo por nostalgia ni por siglas. Ganó porque logró sembrar una percepción: mantener el rumbo local era menos riesgoso que abrirle la puerta al proyecto guinda. El País también leyó el resultado como una victoria amplia que frena el empuje de Morena en uno de los últimos bastiones priistas del país, en una campaña donde el tema de seguridad fue central.
Ese es el principio del mentalismo aplicado a la política. El ciudadano no vota solamente por partido. Vota por la idea que ese partido logró instalar en su cabeza. Morena creció durante años sembrando esperanza de cambio. En Coahuila, el PRI resistió sembrando percepción de estabilidad. Y en política, la estabilidad puede pesar tanto como la esperanza cuando el miedo a perder seguridad se vuelve dominante.
Por eso la elección de Coahuila debe leerse en Sonora.
Sonora también va rumbo al 2027 con una disputa abierta por la percepción. Morena gobierna con Alfonso Durazo, tiene estructura, programas, respaldo de Palacio Nacional y varias cartas en movimiento. Pero también carga temas delicados: seguridad, Cajeme, desgaste de gobierno, versiones nacionales, sucesión, expedientes y la obligación de definir una candidatura que no fracture al movimiento.
Coahuila le manda un mensaje directo al morenismo sonorense: no basta con tener marca.
Hay que tener control.
Hay que tener narrativa.
Hay que tener candidato.
Hay que tener percepción de seguridad.
En Sonora, Durazo tendrá que cuidar su cierre de gobierno y su sucesión. No sólo se trata de dejar obra, programas, infraestructura o relación con Sheinbaum. Se trata de heredar una candidatura que pueda defender continuidad sin cargar demasiado con los pendientes. Y entre esos pendientes, el más sensible sigue siendo la seguridad.
Ahí aparece Cajeme como punto crítico.
Porque si Coahuila demuestra que la percepción de seguridad puede ganar elecciones, Cajeme demuestra que la percepción de inseguridad puede complicarlas. Para cualquier figura morenista que quiera crecer desde el sur, el desgaste de Cajeme será un tema inevitable. Javier Lamarque tiene historia, territorio y estructura, pero también carga con una ciudad que la oposición puede usar como símbolo de descontrol.
Heriberto Aguilar representa otra ruta: continuidad silenciosa, disciplina, estructura y cercanía con el proyecto de Durazo. Lorenia Valles puede crecer si el criterio de género pesa en la decisión. Célida López tiene discurso fuerte y carácter, aunque su ruta PAN-Morena-PT genera ruido entre los morenistas puros. Cada uno representa una posibilidad. Pero todos enfrentarán la misma pregunta: ¿quién puede instalar en la mente pública la idea de control?
Mientras tanto, Antonio Astiazarán observa desde Hermosillo.
Su oportunidad está precisamente en esa lección de Coahuila. Si logra convertir Hermosillo en una vitrina de orden, administración, servicios, cercanía ciudadana y seguridad relativa, puede sembrar una esperanza opositora rumbo al 2027. No necesariamente porque la oposición tenga hoy la fuerza nacional de Morena, sino porque una elección estatal se puede ganar con una narrativa local bien construida.
Ese es el punto fuerte para Sonora.
La oposición no necesita empezar diciendo que ya ganó. Necesita empezar sembrando la idea de que puede ganar. Y Coahuila le acaba de regalar un argumento: Morena puede ser mayoría nacional y aun así perder donde la oposición instala mejor la percepción de seguridad y estabilidad.
En Sonora, esa esperanza opositora dependerá de varias cosas: que Astiazarán logre salir de Hermosillo, que el PRI y el PAN no se destruyan entre ellos, que Movimiento Ciudadano no fragmente el voto opositor, que Morena llegue con desgaste, que Cajeme siga pesando como herida política y que Durazo no logre imponer una candidatura que unifique, emocione y defienda su gobierno.
Pero la idea ya quedó sembrada, si Coahuila pudo frenar a Morena, Sonora también puede volverse competitiva.
No porque los estados sean iguales. No lo son. Coahuila tiene una estructura priista histórica y Sonora tiene una realidad política distinta. Pero la lección sí viaja: la marca nacional no es invencible cuando el adversario logra controlar la mente pública con una idea más fuerte.
Esa idea, en 2027, puede ser seguridad.
Morena intentará instalar continuidad, transformación, programas sociales, soberanía y respaldo de Sheinbaum. La oposición intentará instalar desgaste, inseguridad, equilibrio y necesidad de cambio. Los ciudadanos decidirán no sólo por lo que vean, sino por lo que crean.
En política, la invencibilidad también es una idea.
Y cuando esa idea se rompe, el poder empieza a medir distinto.
Coahuila le recordó a Morena que no todo se gana desde Palacio Nacional.
También se gana desde la mente del elector.
El PRI ganó carro completo porque logró instalar una idea: seguridad, orden y estabilidad frente al riesgo, esa lección baja directo a Sonora.
Si Morena no corrige la percepción de seguridad, si Cajeme sigue pesando como herida política, si Durazo no logra heredar una candidatura defendible y si la oposición consigue vender orden desde Hermosillo, el 2027 puede ser más competitivo de lo que hoy algunos creen.
Porque Morena no es invencible.
Y Coahuila acaba de recordárselo.





















