EL KYBALIÓN POLÍTICO

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Viernes: Causa y Efecto

Lo que hoy hacen los políticos en Sonora, mañana se les convierte en ventaja… o en costo

Por René Díaz | cajemenews.com

En política siempre hay causas y efectos. Lo que un aspirante hace hoy, el mensaje que manda, el territorio que pisa y la percepción que genera, tarde o temprano se le regresa convertido en respaldo, rechazo o en oportunidades. Eso es exactamente lo que está ocurriendo en Sonora rumbo al 2027.

Ayer, el alcalde de Cajeme, Javier Lamarque Cano, tuvo actividad enfocada al tema económico y de infraestructura. Por un lado, sostuvo un encuentro con empresarios mineros, en el que se habló del peso de esa industria en la economía sonorense y de la posibilidad de que Cajeme se beneficie mediante empresas derivadas de la industrialización de minerales; por otro, en la conversación pública también se movió su acercamiento con la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción, con el discurso de consolidar proyectos y mantener diálogo con sectores productivos.

La causa es evidente: Lamarque busca proyectarse no solo como alcalde de un municipio golpeado, sino como un actor con visión económica y capacidad para atraer desarrollo. El problema es que el efecto no depende únicamente de lo que él diga o promueva; depende también del contexto que lo rodea. Y Cajeme sigue cargando una percepción de inseguridad que termina opacando cualquier intento de reposicionamiento económico. �

A la vez, la senadora Lorenia Valles Sampedro tuvo una agenda claramente social y territorial. Acompañó al gobernador Alfonso Durazo en acciones para comunidades del sur de Sonora; estuvo ligada a obras y respuestas para localidades como Teachive, Cucajaqui y Choacalle, y además participó en la jornada de prevención contra dengue y chikungunya en Masiaca, con acciones de salud pública y atención comunitaria. La causa aquí también es muy clara: Lorenia sigue construyendo presencia desde el territorio, pero no desde la confrontación, sino desde la cercanía social, la estructura y la alineación con el gobernador. El efecto es igualmente visible: fortalece su imagen como perfil institucional, ordenado y útil para la continuidad del proyecto estatal, sin cargar con el desgaste cotidiano de gobernar una ciudad bajo presión.

En Hermosillo, Antonio Astiazarán mantuvo su apuesta por lo visible; arrancó la rehabilitación de la calle Sahuaripa, dentro del Programa de Recarpeteo 2026, con una inversión de casi 3 millones de pesos y beneficio directo para varias colonias del sector. Puede parecer una obra cotidiana, pero en política municipal eso tiene un valor mucho mayor del que muchos admiten, porque la calle arreglada, la obra que se ve y el cambio tangible producen un efecto inmediato en la percepción ciudadana.

La causa es la constancia en servicios y obra pública; el efecto es una narrativa de orden, eficacia y estabilidad. Astiazarán entiende algo básico: la gente no siempre mide planes de gobierno, pero sí mide lo que pisa todos los días.

Ahora bien, por encima de esos movimientos individuales hay una causa mayor que sigue ordenando todo el tablero sonorense: la marca Morena. La herencia política y emocional de Andrés Manuel López Obrador permanece viva en los apoyos sociales; no solo como programa de gobierno, sino como sensación de protección para millones de personas.

La oposición no ha logrado fijar en la mente del electorado una idea simple pero decisiva: que esos apoyos podrían continuar aunque cambiara el partido en el poder. Y cuando una familia siente que puede perder algo que hoy considera seguro, se vuelve mucho más cautelosa al votar. Esa es la causa; el efecto es que Morena sigue llegando con ventaja a cualquier cálculo electoral serio.

Por eso, la batalla real en Sonora no parece estar hoy entre Morena y la oposición; está, sobre todo, dentro de Morena. Javier Lamarque y Lorenia Valles aparecen como los dos perfiles más serios en esa disputa interna, cada uno con ventajas muy distintas. Lamarque trae historia, estructura, territorio y una relación política de muchos años con Claudia Sheinbaum, producto de su coincidencia como fundadores y compañeros de lucha dentro del movimiento; eso le da peso interno y lectura de cercanía con el poder nacional.

Lorenia, en cambio, ofrece alineación con el grupo estatal, menor desgaste y un perfil social que no levanta tanto ruido, pero que sí construye confianza en ciertas capas del poder. Mientras uno busca demostrar que puede crecer más allá de Cajeme, la otra busca mostrar que puede garantizar continuidad sin sobresaltos.

Así funciona la política, y así funciona el Kybalión; todo lo que hoy se mueve tiene una causa, y todo lo que mañana ocurra será su efecto. Si Lamarque apuesta por economía y desarrollo, el resultado dependerá de si logra disminuir el peso de la inseguridad sobre su imagen. Si Lorenia sigue pegada al territorio y al gobernador, el resultado será una candidatura cada vez más viable dentro del sistema.

Si Toño continúa acumulando percepción de orden y resultados, el efecto será seguir creciendo como la carta opositora más competitiva. Ninguno está actuando en el vacío; todos están sembrando algo.

En Sonora, la elección del 2027 no se va a decidir por ocurrencias ni por golpes de un solo día; se va a decidir por acumulación. Porque al final, cada reunión, cada obra, cada gira, cada omisión y cada crisis dejan una huella. Y esa huella, tarde o temprano, se convierte en destino. Eso es causa y efecto; lo que hoy siembran los políticos, mañana lo van a cosechar en las urnas.

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