Martes: Mentalismo
Marina Herrera: ¿Próxima alcalde de Cajeme?
Por René Díaz | cajemenews.com
En política, todo inicia en la mente. Antes de hacerse público, primero se construye en acuerdos, en percepciones y en decisiones internas. Esa es la ley del mentalismo: lo que después vemos como realidad, primero fue idea.
Y en Cajeme, esa idea ya empieza a tomar forma. Dentro del círculo del poder municipal y estatal, hay un tema que no se dice abiertamente, pero se comenta con insistencia: si Morena define que la candidatura a la alcaldía es para mujer, el nombre de Marina Herrera Ortiz comienza a colocarse en la conversación real.
No como discurso público. Como posibilidad interna. Ese es el punto clave. Porque en política, las candidaturas no nacen el día del anuncio. Nacen mucho antes, en las mesas donde se decide quién cumple con los equilibrios, quién representa los intereses y quién encaja en el momento político.
Y ahí es donde aparece la pregunta inevitable: ¿quién impulsa a Marina Herrera Ortiz? Porque ningún perfil llega solo. Toda candidatura tiene respaldo, tiene padrinazgo político, tiene origen. En este caso, su nombre se vincula claramente al ámbito municipal, con una cercanía directa al grupo del actual alcalde Javier Lamarque Cano, más que a una estructura estatal.
Esa relación no es reciente. Viene de años atrás. Desde su primer paso dentro de la administración pública, cuando fungió como auxiliar durante el primer periodo de Lamarque como alcalde, entre 1997 y el 2000.
Ahí empieza la liga. Y esa liga no se rompió. Por el contrario, se fue consolidando con el tiempo. Porque no es menor que, ya en el actual gobierno municipal, haya sido designada como la primera titular de la Secretaría de la Mujer en Cajeme, un espacio que no solo es institucional, sino también político. Una posición que no se entrega sin confianza, sin cercanía y sin una lectura clara de lealtades.
Ese nombramiento, hace poco más de un año, confirma algo: no es una figura improvisada dentro del grupo. Es una figura construida dentro del mismo. Pero también está el otro lado. La experiencia. Porque una cosa es estar en la conversación… y otra es estar lista para gobernar.
De acuerdo con lo que ella misma ha expuesto públicamente, su experiencia se centra en trabajo dentro de la administración pública, cercanía con temas sociales y participación en estructuras políticas, lo que le da conocimiento del aparato gubernamental y operación interna.
Sin embargo, ese recorrido también abre otra lectura. Su formación política ha sido bajo una misma línea de poder. No desde una competencia abierta. Sino desde una estructura definida. Y ahí es donde surge la pregunta que realmente importa: ¿esa experiencia alcanza para gobernar Cajeme?
La exigencia no es menor. Cajeme no es un municipio sencillo. Es un entorno complejo en seguridad, en administración y en operación política. Gobernarlo requiere más que presencia en estructuras: requiere control territorial, liderazgo político y capacidad de decisión.
Por eso, la discusión no es solo quién puede ser candidata. Es quién puede sostener el poder. aquí es donde el mentalismo vuelve a aparecer. Porque si en el círculo de decisión ya existe la idea de su candidatura, entonces la realidad puede terminar acomodándose a esa idea. No al revés.
Eso es lo que muchos no alcanzan a ver.
Las decisiones no siempre siguen a la opinión pública. La opinión pública muchas veces sigue a las decisiones ya tomadas. En Cajeme, la candidatura aún no es oficial.
Pero en política, lo que ya existe en la mente del poder… termina existiendo en la mente de la gente























