Martes: Correspondencia
“Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba.”
Por René Díaz | cajemenews.com
En lo abierto, Lamarque compite; en lo interno, Lorenia manda. Pero si la decisión se toma arriba, la contienda podría quedar definida desde antes
En política, nada ocurre de manera aislada; lo que se refleja en un nivel corresponde a lo que se está moviendo en otro. Esa es la ley de correspondencia: como es arriba, es abajo. Y en Sonora, rumbo a 2027, las encuestas empiezan a mostrar exactamente eso: no solo preferencias, sino el reflejo de cómo se está acomodando el poder.
Los números más recientes no dejan lugar a dudas en una primera lectura. En la encuesta de MetricsMx (febrero 2026), Lorenia Valles Sampedro aparece con 11.2% de las preferencias internas en Morena, mientras que Javier Lamarque Cano registra 7.3%. Sin embargo, el dato más importante no está en quién va arriba, sino en lo que revela el fondo: 39.5% respondió “ninguno” y 17.7% no sabe. Es decir, más de la mitad del electorado aún no define una postura.
Ese dato no es menor.
Es la señal más clara de que la elección todavía no está en la gente… está en proceso de construirse desde arriba.
Cuando se revisan otras mediciones, la tendencia se repite con matices. En estudios de Cripeso, Lorenia Valles ha llegado a registrar 29.98% frente a 16.93% de Lamarque, e incluso en otro corte 31.86% contra 14.31%. En esos escenarios, la ventaja es clara. Sin embargo, en la encuesta de SRC, la diferencia prácticamente desaparece: 18.9% para Lorenia y 17.8% para Lamarque, lo que muestra una contienda cerrada.
Y cuando se mide hacia afuera, frente a la oposición, la distancia se vuelve prácticamente inexistente. La encuestadora Alius coloca a Lorenia con 49.7% y a Lamarque con 48.9%, lo que confirma que ambos perfiles son altamente competitivos en un escenario electoral abierto.
Entonces, ¿qué nos dicen realmente estos números?
Que hay dos realidades ocurriendo al mismo tiempo.
Por un lado, Lorenia Valles Sampedro aparece con ventaja en percepción interna. Su perfil, alineado al proyecto nacional, su cercanía con las estructuras de poder y su estrategia de bajo desgaste le han permitido posicionarse sin necesidad de exposición constante. No está en campaña abierta, pero tampoco lo necesita; su crecimiento corresponde a una lógica de estructura y respaldo político.
Por otro lado, Javier Lamarque Cano mantiene una fuerza que no se refleja completamente en las encuestas, pero sí en la operación. Su presencia territorial, su trabajo en colonias, su control de narrativa —incluyendo su postura frente a ataques mediáticos— y su incursión en temas nacionales muestran a un perfil que no está cediendo terreno. No va arriba en todos los números, pero tampoco está fuera.
En medio de ambos, Antonio Astiazarán Gutiérrez juega una partida distinta. Su actividad reciente, enfocada en obra pública, recarpeteo, iluminación LED y proyectos de energía solar, junto con una presencia constante en eventos sociales y comunitarios, responde a una estrategia clara: construir una imagen de eficiencia y resultados sin entrar en confrontación. No está en la disputa interna de Morena, pero sí está posicionándose para lo que venga.
Y ahí es donde la correspondencia se vuelve evidente. Lo que muestran las encuestas… corresponde a cómo se está moviendo el poder. Lorenia crece porque tiene respaldo estructural. Lamarque resiste porque tiene territorio y operación y apoyo fundacional por los máximos líderes del movimiento.
Astiazarán se posiciona porque administra imagen y tiempos.
Pero hay un elemento que termina de explicar todo. Las encuestas no están definiendo la elección. Están reflejando una etapa.
Porque en Morena, las candidaturas no se deciden únicamente por números. Pesan los acuerdos internos, la paridad de género, la relación con el poder estatal y nacional, y las condiciones políticas del momento. Y eso explica por qué, a pesar de las ventajas en percepción, la contienda sigue abierta.
En Sonora, rumbo a 2027, lo que dicen las encuestas no es el resultado final… es el reflejo de lo que se está moviendo arriba.
Porque al final, en política, hay una ley que no falla:
Lo que se acomoda en el poder… se refleja en las preferencias.























