EL KYBALIÓN POLÍTICO

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Jueves: Vibración

Defender… también desgasta

Por René Díaz | cajemenews.com

En política, nada permanece inmóvil. Todo se mueve, todo transmite, todo genera frecuencia. Esa es la ley de vibración. Y hoy, esa vibración política empieza a sentirse con fuerza alrededor de un nombre: Rubén Rocha Moya.

Porque más allá de expedientes, discursos o posicionamientos oficiales… el verdadero problema político ya no está solo en las acusaciones. Está en el desgaste que empieza a generar la defensa colectiva alrededor del gobernador de Sinaloa, y ahí es donde el escenario cambia.

Porque desde que Ismael “El Mayo” Zambada fue trasladado a Estados Unidos, una parte del debate político y mediático se concentró en una declaración que alteró la conversación nacional: la versión de que el líder criminal habría señalado que el día de su captura acudiría a una reunión donde estaría presente el gobernador de Sinaloa.

Ese momento modificó la frecuencia política del caso, porque ya no se trataba solamente de narcotráfico, ya no era únicamente seguridad. La vibración comenzó a tocar directamente al poder político y cuando eso ocurre… todo empieza a moverse alrededor.

Ahí es donde entra el verdadero dilema del sistema político mexicano: ¿qué hacer cuando un gobernador de tu propio movimiento entra en una zona de presión internacional? Porque políticamente existen dos caminos: tomar distancia… o cerrar filas. Y hasta ahora, la decisión ha sido clara: defender.

Pero la defensa no ha venido solamente desde Palacio Nacional. También ha llegado desde senadores, diputados, gobernadores y figuras relevantes del movimiento político que hoy gobierna el país. Un cierre de filas que se ha repetido incluso después de que el tema escaló a nivel internacional con señalamientos provenientes de autoridades estadounidenses.

Aquí está el verdadero punto político, porque cuando muchas voces salen a defender a un solo actor… la vibración deja de concentrarse en una persona y empieza a expandirse hacia todo el grupo. Ese es el riesgo del respaldo colectivo, porque defender puede transmitir unidad… pero también puede transmitir desgaste compartido.

Y mientras esa tensión crece… otro tema comenzó a entrar en la misma frecuencia política: Chihuahua. El caso del narcolaboratorio donde murieron presuntos agentes vinculados a inteligencia estadounidense. Un laboratorio que distintos reportes describen como uno de los más grandes detectados en la historia reciente de México.

Ese dato es clave, porque más allá de la polémica por la presencia de presuntos agentes de la CIA —que incluso podría abrir debate sobre legalidad y soberanía— hay otro punto que no puede perderse de vista: la dimensión del laboratorio, la capacidad de producción, la infraestructura y la operación criminal detrás.

Porque mientras la discusión pública se concentra en si había o no participación extranjera… también queda expuesta la magnitud del problema que existía en territorio mexicano. Y ahí vuelve a aparecer la vibración política, porque ambos temas empiezan a conectarse en la percepción pública: Sinaloa, Chihuahua, presión internacional, narcotráfico, defensa institucional. Todo empieza a entrar en la misma frecuencia narrativa y cuando varios casos comienzan a vibrar juntos… la percepción cambia.

Ese es el verdadero desgaste. Porque en política, muchas veces el problema no viene de una sentencia definitiva. Viene de la acumulación: acumulación de nombres, acumulación de versiones, acumulación de presión internacional. Y mientras eso ocurre… el sistema también empieza a absorber el costo político de cada defensa pública.

Ese es el punto más delicado, porque defender puede contener el golpe inmediato… pero también puede transferir la vibración del conflicto hacia arriba. Y ahí es donde aparece la ley de vibración: todo lo que el poder toca… termina transmitiéndose. Porque cuando un gobierno y su estructura política deciden respaldar a alguien bajo presión… automáticamente comparten parte de esa frecuencia política. Ese es el cálculo real del poder. No si una acusación existe, no si una versión es definitiva, sino cuánto desgaste puede soportarse mientras la vibración sigue creciendo.
Y hoy, esa tensión ya empezó a sentirse a nivel nacional.

Porque el caso Rocha dejó de ser solamente Sinaloa. Ahora toca narrativa, toca percepción, toca credibilidad. Y en política, cuando la vibración cambia… todo empieza a moverse.

El problema no es solo defender. Es cuando el desgaste empieza a compartirse. Porque al final, en política, hay una ley que no falla: cuando el poder decide proteger… también absorbe las consecuencias.

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