Político
Lunes: el principio de mentalismo
Lamarque y Lorenia: la batalla mental por la 4T sonorense
Morena entra a su etapa más delicada rumbo al 2027: Javier Lamarque representa la izquierda de origen, territorial y de vieja guardia; Lorenia Valles representa la ruta institucional, legislativa y alineada al segundo piso de la Transformación.
Por René Díaz | CajemeNews.com
El Kybalión enseña en su primer principio, el de mentalismo, que todo es mente. Antes de que algo exista en la realidad, primero existe en el pensamiento. Antes de que haya movimiento, hay idea. Antes de que haya poder, hay narrativa. Antes de que haya candidatura, hay percepción.
Y en política, quien domina la percepción, empieza a dominar el tablero.
Eso está ocurriendo dentro de Morena en Sonora.
La sucesión del 2027 ya no es un rumor de pasillo, ni una conversación de cafés políticos, ni una especulación de operadores. Ya empezó a tomar forma pública. Javier Lamarque y Lorenia Valles entraron al mismo escenario, pero no representan la misma idea.
Representan dos formas distintas de imaginar el futuro de la 4T sonorense.
De un lado está Javier Lamarque Cano.
El alcalde de Cajeme no representa solamente una aspiración municipal que quiere brincar al estado. Representa una historia política más vieja que Morena. Representa una izquierda que viene de antes de que la marca guinda se volviera poder, presupuesto y gobierno. Lamarque puede reclamar origen, trayectoria, resistencia y cercanía con el obradorismo de los años difíciles.
Su fuerza está en una idea: yo vengo de la lucha.
Y en Morena, esa idea todavía pesa.
Porque no todos los que hoy levantan la bandera de la 4T estuvieron cuando el movimiento era incómodo, minoritario y perseguido políticamente. Algunos llegaron cuando Morena ya era gobierno. Otros llegaron cuando el color guinda ya ganaba elecciones. Lamarque puede decir que su historia empezó antes de la comodidad del triunfo.
Pero en política, la mente también juzga.
Y ahí aparece su mayor problema.
Una cosa es tener historia y otra cargar Cajeme. Una cosa es hablar de trayectoria y otra enfrentar la percepción de una ciudad golpeada por la inseguridad, los servicios públicos, el desgaste administrativo y el cansancio ciudadano. En política, los cargos dan reflectores, pero también dejan sombras.
Y Cajeme es una sombra difícil de borrar.
Lamarque intentará convertir su historia en derecho político. Pero sus adversarios intentarán convertir su gobierno municipal en expediente electoral.
Del otro lado está Lorenia Valles Sampedro.
La senadora no entra desde la vieja izquierda, sino desde la institucionalidad de Morena. Llega desde el Senado, desde el informe legislativo, desde las reformas, desde el discurso del bienestar, desde la narrativa del segundo piso de la Cuarta Transformación y desde el mensaje de que es tiempo de mujeres.
Su fuerza está en otra idea: yo represento continuidad, disciplina y proyecto.
Lorenia no busca verse como ruptura. Busca verse como continuación natural del movimiento. No quiere aparecer como rebelde, sino como cuadro confiable. No quiere cargar con el peso de la confrontación, sino con la imagen de estabilidad, orden y alineamiento con la 4T nacional.
Pero también tiene su propio reto.
Porque una cosa es tener Senado y otra tener territorio. Una cosa es hablar desde la tribuna y otra caminar colonias, ejidos, municipios y regiones. Una cosa es tener estructura política y otra encender emoción popular.
Lorenia necesita demostrar que no sólo vive en la mente del aparato, sino también en la mente del pueblo.
Ahí nace el choque.
Antes de votar, la gente interpreta. Antes de apoyar, la gente construye una imagen, antes de decidir, la gente se pregunta quién tiene más derecho, quién tiene más fuerza, quién tiene más respaldo, quién tiene menos desgaste y quién puede ganar sin fracturar al partido.
Ese es el verdadero pleito.
No es solamente Lamarque contra Lorenia.
Es historia contra estructura.
Territorio contra Senado.
Vieja izquierda contra nueva institucionalidad.
Cajeme contra Hermosillo; origen contra continuidad; y en el principio de mentalismo, la realidad política empieza por una idea dominante.
Si la idea dominante es que Morena debe premiar historia, Lamarque crece.
Si la idea dominante es que Morena debe cuidar continuidad y estructura, Lorenia avanza.
Si la idea dominante es que Cajeme pesa demasiado, Lamarque se complica.
Si la idea dominante es que Lorenia no prende abajo, ella se enfría.
Si la idea dominante es que el 2027 requiere unidad, ambos tendrán que medir hasta dónde compiten sin romper.
Porque Morena tiene un problema: cuando era oposición, la unidad se construía contra el adversario. Pero cuando se es gobierno, la unidad se administra contra los propios apetitos internos.Todos hablan de encuesta, pero todos quieren influir en la encuesta.
Todos hablan de unidad, pero todos quieren que la unidad se ordene alrededor de su nombre.
Todos hablan del pueblo, pero todos buscan la señal del poder. Todos hablan de movimiento, pero todos calculan estructura. Arriba, Morena pide disciplina abajo, los aspirantes construyen percepción., arriba, se habla de reglas, abajo, los grupos acomodan narrativa arriba, se presume unidad, abajo, cada quien quiere instalar en la mente pública que es el perfil natural.
Javier Lamarque sabe que esta puede ser su última gran oportunidad política. Tiene trayectoria, experiencia, historia de izquierda y una narrativa de origen que puede conectar con las bases fundadoras de Morena. Pero necesita sacar de la mente pública la idea de que Cajeme puede convertirse en carga electoral.
Lorenia Valles sabe que tiene una ruta institucional fuerte. Tiene Senado, discurso, números legislativos y narrativa de continuidad. Pero necesita instalar en la mente ciudadana que no es solamente una carta del aparato, sino una figura con arraigo real en los municipios.
Ese es el punto fino.
La candidatura de Morena en Sonora no se va a definir solamente por quién diga más fuerte que pertenece a la 4T.
Se va a definir por quién logre construir la idea más poderosa, la idea de origen.
El choque entre Lamarque y Lorenia apenas empieza.Y aunque Morena intentará venderlo como proceso ordenado, lo que viene será una batalla de percepción. No sólo entre dos aspirantes, sino entre dos almas de la 4T sonorense.
La que quiere que se reconozca la historia.
Y la que quiere administrar el futuro.
El principio de mentalismo no falla.
Todo empieza en la mente.
Primero se instala la idea.
Después se construye la narrativa.
Luego se mueve la estructura.
Y al final, si la idea prende, llega el voto.
En Sonora, Morena ya empezó a imaginar su 2027.
Ahora falta ver qué idea domina.
La de Lamarque.
La de Lorenia.
O la de un tercer nombre que todavía esté esperando que los dos desgasten su fuerza en el choque.
Porque el 2027 no se gana sólo con historia.
Tampoco se gana sólo con estructura.
Se gana cuando el nombre, el partido, la encuesta, el territorio, el poder y el pueblo aceptan una misma idea.
Y hoy, dentro de la 4T sonorense, esa idea todavía está en disputa.
“Esta es apenas una opinión personal, una lectura del instante y del momento histórico, político y social que nos tocó vivir. No pretende ser verdad absoluta; es experiencia, percepción y análisis. El lector tendrá siempre la última palabra: creer, dudar o pensar distinto”.























